En Chipiona casi todos los avisos llegan de tres sitios: la azotea de la casa baja, que aquí se pisa y se usa a diario; la terraza que hace de techo de la vivienda de abajo; y el patio o el balcón donde el agua se queda parada porque el desagüe no traga. Cada uno se resuelve de una forma, pero el orden es siempre el mismo: entender por dónde entra, reparar el soporte y sellar después.
- Miramos el perímetro, no solo el centro. Petos, encuentros con paredes, remates y sumideros concentran la mayoría de las entradas de agua de una cubierta.
- Reparamos antes de impermeabilizar. Sobre una superficie hueca, con el mortero disgregado o con el desagüe atascado, cualquier sistema dura dos inviernos.
- Dejamos el agua saliendo por donde debe. Si la pendiente lleva el agua a un rincón, se corrige: una cubierta que embalsa vuelve a filtrar por mucho material que se le eche encima.